PSICOLOGÍA INFANTIL

Psicología infantil en Querétaro

Infancia es futuro, si tu hijo presenta algún trastorno o comportamiento inapropiado, ¡atiéndelo de inmediato! La solución puede ser sencilla. Ten presente que lo que no se atiende a tiempo se complica.


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Psicología prenatal

La psicología prenatal estudia todo lo relacionado con el desarrollo humano temprano desde la concepción, estado del feto, genética, psicología y sociología y cómo todo esto marcará la personalidad. 


El deseo de ser padres, pero, sobre todo el deseo de ser madre, así como todas las acciones encaminadas a lograr la concepción y el estado de ánimo de la madre durante la gestación, influirán en la personalidad de su hijo. 


Las emociones de la madre influirán en la organización del cerebro antes y después del nacimiento y determinan ciertas manifestaciones biológicas, psicológicas, condiciones médicas, reacciones al estrés, tipo de personalidad y habilidades de socialización. 


Durante el embarazo suele haber cambios inevitables de ánimo, habrá ocasiones que la futura mamá se sienta contenta, enojada, preocupada, triste, ansiosa. Si estos cambios llevan a perder el control en la futura madre, es recomendable buscar ayuda profesional.

Este viaje que inicia con el deseo de ser padres, la búsqueda de la concepción, periodo de gestación, nacimiento y primeros años de vida del infante, generará en los padres profundas trasformaciones psíquicas, sobre todo en la madre. La consolidación de estas trasformaciones formará parte de la identidad parental para siempre y dejaran sus marcas en el psiquismo incipiente de su hija (o).


Los trastornos psicológicos inician en la vida intrauterina, la futura madre es una participante activa en la formación psíquica de su hija (o). La salud mental y física de un nuevo ser, está en manos de sus progenitores, la gran responsabilidad de los padres es que están construyendo las características de personalidad de su hija (o) y contribuyendo a su salud mental y enfermedad, así como, a educar o deformar. Uno de tantos trastornos que están afectado a los infantes y que perdura para siempre es:

  • Trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

    Es un síndrome caracterizado por tres síntomas nucleares:

    ● Inatención

    ● Hiperactividad

    ● Impulsividad

    ● Es uno de los trastornos más frecuentes dentro de la población infantil y juvenil, que constituye cerca del 50 % dentro de la población atendida.


    Existen tres subtipos según predomine la hiperactividad o la falta de atención y estos son:

    ● Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, tipo Combinado.

    ● Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, con predominio de Déficit de Atención.

    ● Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, con predominio Hiperactivo- Impulsivo.

    ● Algunos síntomas de hiperactividad, impulsividad o inatención se pueden observar antes de los 7 años de edad y para que se consideren significativos se deben presentar en más de una situación (casa, escuela, familia, amigos, en general cualquier ambiente) y durante los últimos 6 meses.


  • Síntomas de déficit de atención

    Incapacidad para prestar atención a los detalles cometiendo errores por descuido en las labores escolares y otras actividades.

    ● Incapacidad para mantener la atención en las actividades escolares e incluso en las de juego. Son niños que están cambiando continuamente de juego.

    ● Con frecuencia aparenta no escuchar lo que se le dice.

    ● Imposibilidad persistente para concluir las tareas escolares asignadas u otras misiones,

    ● Disminución de la capacidad para organizar tareas y actividades.

    ● A menudo evita o se muestra notoriamente incomodo ante tareas que requieran de un esfuerzo mental mantenido, ya sean escolares o lúdicas.

    ● Con frecuencia pierde objetos necesarios para realizar las tareas o actividades como libros, cuadernos, lápices, etcétera.

    ● Fácilmente se distrae con estímulos externos (la sirena de una ambulancia a lo lejos, un perro que ladra, la campana de la iglesia, la voz de la maestra del salón contiguo, etcétera.)

    ● Con frecuencia es olvidadizo en el curso de las actividades.

  • Síntomas de hiperactividad

    ● Con frecuencia muestra inquietud con movimientos de manos o pies, o continuamente está moviéndose en su asiento.

    Abandona su asiento en el salón de clases o en otras situaciones donde se espera que permanezca sentado.

    ● Con frecuencia corre, brinca, trepa o escala en exceso en situaciones inapropiadas.

    ● Extremadamente en el juego o tiene dificultades para entretenerse tranquilamente en actividades lúdicas.

    ● Constantemente exhibe un patrón de actividad excesiva (parece que tuviera un motor interno que no cesa ni un momento) que no es modificable sustancialmente por los requerimientos del entorno social.

  • Síntomas de impulsividad

    ● Con frecuencia hace exclamaciones o responde antes de que se le termine formular la pregunta.

    ● A menudo es incapaz de esperar su turno en las filas, de respetar el turno de los demás en otras situaciones de grupo.

    Constantemente interrumpe o se entromete de los asuntos de otros.

    ● Con frecuencia habla en exceso sin poder contenerse ante las situaciones sociales.

    ● Si usted observa que su hijo presenta alguna de las conductas expuestas arriba, será conveniente acudir primero con el pediatra para que descarte deficiencias visuales, auditivas, existencia de convulsiones, valorar secuelas de traumatismos craneales, enfermedades somáticas agudas o crónicas, desnutrición, trastornos del sueño, síndromes, efectos secundarios de algunos medicamentos, etcétera.


    Posteriormente acuda con el psicólogo para valorar la presencia de trastornos de ansiedad, depresión, secuelas de abusos o abandonos, descartar algún otro trastorno de base emocional, etcétera. E incluso, en el caso de adolescentes, valorar si existe abuso de sustancias. Esto debido a que una gran variedad de trastornos puede confundirse con el TDAH y es importante hacer un diagnóstico diferencial.

    Al mismo tiempo, hay que considerar que existen trastornos que se presentan asociados frecuentemente al TDAH.

    Estos trastornos son:


    1) Trastorno oposicionista desafiante (TOD)

    Se trata de un conjunto de conductas negativas, hostiles y desafiantes presentes de forma constante durante al menos 6 meses.

    Estas conductas incluyen discusiones constantes con adultos, rabietas, enfados, negativas a cumplir las normas establecidas, desobedecer las órdenes de los adultos, mentiras recurrentes, culpar a otros de sus propios actos y mostrar resentimiento.


    2) Trastorno de conducta

    Se trata de un patrón de conductas en el que se violan sistemáticamente las normas sociales y legales, y los derechos básicos de los demás, de forma persistente y durante al menos un año.


    Se caracteriza por conductas agresivas hacia personas o animales por medio de la intimidación, amenazas, peleas, uso de armas potencialmente dañinas, crueldad física, destrucción de la propiedad, robos, mentiras para eludir responsabilidades.


    3) Trastornos de ansiedad

    Este trastorno y TDAH es una combinación muy frecuente en la infancia y se presentan en aproximadamente un 25% de los casos, ya que el TDAH aumenta por 3 el riesgo de padecer un trastorno de ansiedad, qué se caracteriza por inquietud, miedo, inseguridad, aprensión, pensamientos negativos, anticipación de peligro o amenaza, sensación general de desorganización.


    4) Trastornos afectivos

    Entre el 20% y 30% de los niños con TDAH se ha encontrado prevalencia de depresión mayor o distimia, ya que son pequeñitos que tienen un riesgo de padecerla mayor que la población normal. Y haga una pausa e imagínese como no será esto posible, si es un pequeñito que seguramente va de castigo en castigo, de regaño en regaño, acumulando la desaprobación y el reproche continuo, siendo objeto de señalamientos y discriminaciones. Qué panorama, ¿no?


    5) Trastornos de sueño

    El TDAH a veces suele combinarse con dificultades para conciliar el sueño, como para mantenerlo y en su duración. Puede también acompañarse de somnílocuos (hablan dormidos), terrores nocturnos, pesadillas, movimientos involuntarios y sonambulismo.


    6) Problemas de rendimiento académico


    7) Debido tanto a los propios síntomas del TDAH como a la asociación con problemas específicos del aprendizaje como dislexia, discalculia, digrafía, problemas de procesamiento auditivo.


    8) Lesiones y accidentes frecuentes

    El niño hiperactivo tiene cuatro veces más probabilidades de sufrir accidentes y lesiones graves (fracturas, traumatismos, rotura de dientes, etcétera) debido a la impulsividad y a la presencia de trastornos de la coordinación motora.


    En el caso de adolescentes el cuadro clínico incluye, además de hiperactividad, impulsividad y déficit de atención, pobre control de los impulsos, pobres habilidades de organización, dificultades para elegir y establecer prioridades, así como estrategias inadecuadas de resolución de problemas.


    Esto repercute en un rendimiento escolar deficitario, baja y muy lastimada autoestima, dificultades para relacionarse de una manera positiva con iguales y desempeño errático en la realización de tareas.


    En esta etapa las ocasiones de realizar conductas impulsivas, peligrosas y sin considerar las consecuencias se hacen frecuentes, debido a la creciente influencia de los iguales y la menor supervisión de los padres.


    La población más vulnerable a presentar mayores tasas de suicidio, intentos de suicidio y muertes accidentales son aquellos pequeños con TDAH (Trastorno de déficit de atención e hiperactividad) asociado con TC (Trastorno de conducta) o TOD (Trastorno oposicionista desafiante) que no cuenten con un tratamiento adecuado.


    ¿Existe alguna salida?

    El TDHA, es un trastorno crónico que puede variar sus manifestaciones desde la infancia hasta la edad adulta. Afecta en todas las áreas del funcionamiento habitual (casa, escuela, amigos, trabajo, pareja, familia, etcétera) y los síntomas persisten en hasta 50-80% de los casos en la vida adulta. Se trata de un problema clínico que genera gran desajuste en quien lo padece y quienes le rodean.


    La prevalencia de este trastorno se sitúa entre el 3% al 10% de la población infantil. Estadísticamente los niños son más propensos que las niñas a presentarlo en cifras que varían de 2 a 1.


    Las niñas presentan con mayor frecuencia problemas de inatención, dificultades cognitivas y síntomas ansiosos y afectivos y en el caso de los niños la sintomatología predominante es de impulsividad o agresividad.

  • Miedos de la infancia

    “¡Mamá, tengo mucho miedo!”

    “¡No apagues la luz!”

    “¡No quiero dormir solo!”

    “¡No te vayas!”

    “¡Siento que algo malo va a pasar!”

    ¿Le suena familiar?


    Estas son algunas frases comunes para los oídos de ciertos papás. El miedo a la oscuridad, a algunos animales, a la separación de los progenitores, a asistir a la escuela, a la maestra (o), a un compañero de clases, al doctor, a la primera socialización con personas ajenas a la familia, a las tormentas, a los monstruos son miedos frecuentes. Según las estadísticas, afectan al 45% de la población infantil.


    El miedo es considerado como una reacción normal y adaptativa ante situaciones que representan peligro o cierta amenaza, tiene la función de ponernos alerta para salvaguardar nuestra integridad, es decir, los temores son mecanismos normales de defensa.


    En el caso de los niños aparecen sin razón aparente y suelen desaparecer con el tiempo. Si los miedos no se erradican y se tornan más intensos se convierten en un trastorno patológico llamado fobia.

  • Fobias

    Una fobia es un temor persistente e identificable que resulta excesivo o irracional y que se libera ante la presencia o la anticipación de un objeto o una situación específica.


    Las fobias pueden presentarse en cualquier rango de edad, aunque las fobias específicas a menudo comienzan en la niñez, se debe ser cuidadoso para diferenciarlas de los temores normales del desarrollo que evolucionan favorablemente con el tiempo y una dosis de calidez y seguridad.


    Una fobia es un mecanismo de defensa que disfraza un conflicto interior del infante, por ejemplo, una de las fobias más comunes entre algunos niños es el temor a los perros, aunque la mayoría de estos niños no han tenido una experiencia traumática como una mordedura.


    Para ellos la palabra “perro”, su imagen, está manifestándose principalmente por medio de pesadillas, miedo a los monstruos o fantasmas, temor a dormir solos y terrores nocturnos. A esta edad también son muy comunes las fobias a los perros y a los médicos.


    1) Fobia escolar

    Su origen suele ser por el miedo a separarse de los padres, que despierta en el infante una sensación de abandono y desolación.


    2) Fobia social

    En la mayoría de los casos se presenta en el inicio de la pubertad y es generadora de graves conflictos de adaptación social y de interacción con los demás. Se afecta particularmente el desarrollo académico y las relaciones personales fuera del entorno familiar. Las personas que sufren este tipo de fobia son extremadamente tímidos y rechazan participar en juegos o actividades en equipo.


    Existen algunas respuestas psicosomáticas que usted puede observar en su hijo cuando se ve expuesto, o anticipa la exposición, a un objeto o una situación específica que le produce temor o ansiedad intensos, tome nota:


    Trastorno de ansiedad generalizada: su aparición es entre los seis y los ocho años. Los síntomas más relevantes es una preocupación excesiva y obsesiva por las actividades que realizan (papás, hermanos, cualquier persona significativa) y una presión desproporcionada ante una baja estima por parte de los demás (me van a dejar, me van a olvidar, no me van a necesitar, etcétera).

    ● Aumento de la frecuencia cardiaca

    ● Sudor

    ● Temblores o estremecimientos

    ● Falta de aire

    ● Sensación de ahogo

    ● Dolor o molestias en el pecho

    ● Malestar estomacal (nausea, vómito)

    ● Sensación de mareo o desmayo

    ● Temor a perder el control o enloquecer

    ● Temor a morir

    ● Aturdimiento

    ● Escalofríos o calores súbitos

    ● Llantos, vómitos, rabietas, hiperventilación

    ● Insomnio

    ● Sentimiento de preocupación todo el tiempo

    ● Cansancio

    ● Incapacidad para concentrarse

    ● Irritabilidad

    ● Alteraciones en la alimentación. (dejar de comer o comer en exceso)

    ● Si su hijo infante o adolescente se siente tan ansioso o temeroso y esto está afectando negativamente su vida, lo más conveniente es consultar a un especialista para que lo valore.

    Estamos para apoyar a su hija(o) a recuperar su equilibrio emocional y a usted a recuperar su tranquilidad.


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  • Terrores nocturnos

    Hay casos donde los infantes pueden despertar repentinamente verdaderamente aterrorizados, a pesar de que pueden incorporarse de la cama, llorar, gritar, resulta muy difícil despertarles.


    Puede haber agitación corporal, verbalizaciones y/o vocalizaciones, se aceleran el pulso y la respiración, hay significativa agitación y sudoración; muestran un gesto de terror, es un miedo intenso con sensación física de opresión en el pecho, parálisis o asfixia.


    Con frecuencia se da una amnesia marcada del episodio, y cuando se le pregunta por la mañana, apenas recuerda vagamente sensaciones de miedo o de presión torácica. Los terrores nocturnos aparecen en el sueño no profundo (no REM) y generalmente se dan en la primera mitad de la noche.


    Los denominados terrores nocturnos son menos frecuentes que las pesadillas, no obstante, tienen también una alta incidencia en la población infantil. Los terrores nocturnos, así como las pesadillas normalmente desaparecen con el tiempo y no suelen precisar de tratamiento, salvo en aquellos casos que por su frecuencia o intensidad constituyan un problema para el niño.


    En los casos leves, que son la mayoría, los padres deben adoptar una actitud tranquila y de conocimiento del trastorno. Mientras los episodios ocurran simplemente tienen que mantenerse atentos para vigilar que su hijo no se caiga de la cama o sufra cualquier daño físico derivado de su incorporación de la cama y de su estado (recordemos que en los terrores nocturnos no está despierto).


    Tanto en los terrores nocturnos como en las pesadillas resulta conveniente valorar la conducta del niño durante la vigilia. Considerar si existen problemas en la escuela u otro ámbito que puedan estar influyendo en nuestro hijo.


    De confirmarse la existencia de dichos factores externos, debe actuarse y buscar un apoyo profesional que le permita al menor manejar técnicas que enseñen al niño a afrontar los sueños que le provocan ansiedad. Abordar la situación amenazante y orientar a los padres para que puedan ayudarle a resolverla. Hay niños que desarrollan la capacidad de desconectar o finalizar el sueño cuando éste pasa a ser amenazante.

  • Enuresis

    Enuresis quiere decir dificultad para controlar la micción (hacer pipí), puede suceder en el día como en la noche.


    Una de las condiciones indispensables para que se pueda lograr el control de esfínteres es la maduración nerviosa, que le permite al niño (alrededor de los 18 meses) percatarse cuando esta orinando, incluso hasta hace una pausa en la actividad que está realizando, posteriormente, expresar señalando o con palabras que está mojado y finalmente anticipar la sensación de pipí.


    Durante el proceso de enseñanza – aprendizaje para el control de esfínteres (aprender a ir al baño) es común que a los infantes les sucedan accidentes. Se espera que alrededor de los 5 a 6 años ya esté totalmente controlada esta situación. Si a esta edad no se logra el control total de los esfínteres su hijo presenta enuresis.


    La Enuresis puede ser de diferentes tipos

    Primaria. Es aquella donde el pequeño nunca ha podido controlar su micción. Esto puede ser debido a que su organismo produce más orina por la noche de lo que su vejiga puede contener y su cerebro no ha aprendido a identificar y responder ante la señal de “vejiga llena”.


    Secundaria. Es aquella que se presenta después de un periodo de control (de al menos 6 meses). Este tipo de enuresis puede estar originada por diferentes razones entre las cuales podemos encontrar físicas, emocionales o incluso un desajuste en el patrón de sueño.


    Diurna. Durante el día.


    Nocturna. Durante la noche.


    Mixta. En ambos momentos del día.


    No se trata de un tema que surja en las conversaciones, a los niños les avergüenza de sobremanera, y ni que decir de la molestia que genera en los padres.


    Existen algunos factores predisponentes para que un niño presente este trastorno:

    Problema físico: una vejiga pequeña o de musculatura débil, síndromes, malformaciones.

    ● Inicio tardío del hábito del control de esfínteres; una vez pasada la edad óptima, alrededor de los 2 años, puede resultar más complicado.

    Condiciones emocionales: nacimiento de un hermanito, divorcio, maltrato, abandono, violencia, etcétera.

    Antecedentes familiares: es frecuente encontrar que los niños que presentan este trastorno cuentan con familiares que han presentado el mismo problema, si es así, resulta conveniente explicárselo al pequeño para darle seguridad.

    ● Ciclo del sueño sumamente profundo que le impide identificar el mensaje de "vejiga llena".

    ● Padecer algún otro trastorno asociado.

    ● En muchos de los casos la enuresis suele mejorar espontáneamente conforme pasa el tiempo, sin embargo, no es algo que deba minimizarse, por lo que resulta de gran importancia identificar el origen del problema o los factores que lo están desencadenando.

    ● Papás, lo recomendable es que mientras tanto se abstengan de avergonzar, ridiculizar o castigar a su hijo por esta situación, ya que lejos de ayudarle le estarán dando un golpe bajo a su autoestima en construcción, pudiéndole provocar graves heridas emocionales.


    Ante cualquier duda, consulte a un especialista, entre más tiempo pase los daños colaterales se incrementarán. Toma su tiempo, pero tiene solución y los padres son una pieza fundamental para ello.

  • Encopresis

    La encopresis es un trastorno que consiste en que el infante hace sus deposiciones, repetida e involuntariamente, en lugares que no son adecuados para ello, a una edad en la que se espera que haya control al respecto, es decir, más allá de los 3-4 años.


    Los tipos de Encopresis son:


    Primaria: si nunca se ha logrado el control. 


    Secundaria: si se produce después de un período de control. 


    Este trastorno suele estar asociado a factores como:

    Malos hábitos de aprendizaje: presiones excesivas o rigidez por parte de los padres al exigir que el niño controle a una edad mucho muy temprana para hacerlo.

    Padecer estreñimiento crónico, (si, aunque se sorprenda hay pequeñitos que desde bebés han padecido estreñimiento) que provoca una distensión del colon y la consiguiente pérdida del tono muscular, con lo cual se producen esas pérdidas.

    Probable síntoma de depresión infantil u otro trastorno emocional. Incluso se ha encontrado casos en donde está relacionado con situaciones de abuso o acoso sexual.


    Por lo que resulta trascendental identificar la causa que produce la encopresis. Es importante consultar a su pediatra y psicóloga educativa. Al igual que en el caso de la enuresis, lo contraindicado, emocionalmente hablando, es ridiculizarlo y castigarlo por ello. Pregunte, consulte y actúe, su hijo lo necesita.

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